Bullying en la escuela

Rosa es una niña muy guapa y muy lista que tiene 12 años. Este es su último curso en la escuela primaria. Está muy contenta porque el año que viene pasa al instituto.
Acaba de empezar el curso en un colegio nuevo, el colegio Montegil. La empresa de su padre lo trasladó y ahora toda la familia tuvo que mudarse con él a Ríos Bajos, que es un pueblecito muy cerca
de Murcia.
-¡Rosa, despierta, hoy es tu primer día de colegio! -le dijo su madre.
-¡Pero mamá, si llevo horas preparada! Tengo muchas ganas de conocer a mis nuevos amigos -contestó Rosa.
Rosa llega a la escuela un poco tímida y la profesora le dice que se presente. Con mucha timidez se presentó ante sus compañeros. Ella notó que la miraban y se reían. «¡No lo entiendo! ¿Qué
habré dicho?», pensó.
A la hora del recreo intentó acercarse a alguna niña de su clase para hablar y conocerse mejor, pero no hubo suerte: la ignoraban o le daban malas contestaciones. Rosa se tuvo que sentar sola a
comer su merienda.
De vuelta a casa le contó a sus padres lo que había pasado, y sus padres le dijeron que tuviera paciencia y que intentara mostrarse como ella es.

Preparada para un nuevo día de escuela, Rosa se dirige al colegio. Por el camino se encuentra a un grupo de compañeros de su clase e intenta juntarse con ellos para ir hacia el colegio. Esta vez
parece que hablan un poco más con ella y le preguntan cosas sobre su vida. Ella les contesta y también pregunta. «¡Todo parece que va viento en popa!», piensa Rosa.
En el colegio la profesora comprueba que es una niña muy inteligente, cosa que a sus compañeros, sobre todo a las compañeras, les da bastante envidia.
María, una de sus compañeras, dice en voz alta: -¡Empollona, vete a tu casa! Y todos los demás se ríen.
La profesora, enfadada, manda callar y ahí se acabaron los murmullos y las risas.

De vuelta a casa, Rosa va caminando por la calle principal y tres niñas de su clase la agreden verbalmente y le tiran la mochila al suelo.
Rosa se siente muy mal. No sabe por qué le hacen tal cosa…
-¿Qué tal en el colegio, Rosa?
-Bien, mamá, mejor que ayer.
Rosa no dice nada a su madre porque no quiere que sepa lo que ha pasado. No sabe si por vergüenza, por no hacer que sus padres se preocupen, por orgullo o por todas estas cosas.
Durante los días siguientes, a Rosa la siguen increpando y acosando sus compañeras. Rosa se siente muy mal, no sabe qué es lo que ha hecho e intenta hablar con todas ellas, pero no le dicen nada;
solo le dicen «bicho raro», «empollona» y otras palabras que no quiero mencionar.
Un día incluso la esperan en la puerta del colegio, la empujan, le dan tirones del pelo, la tiran al suelo y la humillan.
Ya no puede más. Decide contarlo en casa, y fue lo mejor que pudo hacer.
-¡Rosa, cariño! ¿Cómo no nos has dicho nada de esto? Tú no tienes la culpa de nada. Mañana hablaremos con el colegio y lo vamos a solucionar, te doy mi palabra -le dijo su padre.

Al día siguiente los padres fueron a hablar al colegio con la tutora de Rosa y con el director. Les explicaron lo que estaba sucediendo con su hija e inmediatamente el centro empezó a
tomar medidas.
La primera medida fue expulsar tres días a las cuatro niñas que habían pegado y humillado a Rosa en la salida del colegio, así como hablar con los padres y las niñas expulsadas.
Decidieron dar un curso de emociones y sentimientos en el colegio. Todos los niños hablaban en grupo sobre lo que les preocupaba, de cómo se sentían, de cómo creían que se sentían los demás…
Aparte de estas medidas, la tutora de Rosa estuvo muy alerta para ver si se seguía produciendo este acoso a Rosa o a otros compañeros.
Rosa tuvo que ir a terapia con una orientadora que le ayudó mucho a subir su autoestima y a quererse más a sí misma.
Poco a poco fue cogiendo autoestima. Su madre la estuvo llevando y recogiendo del colegio durante un tiempo, hasta que Rosa se sintió segura.

Y vaya si lo consiguió. Ahora Rosa tiene tres mejores amigas, todas de su clase. Ya no se burlan ni se meten con ella; al revés, ahora la quieren y le piden ayuda con los deberes.
Las chicas que le pegaron en la salida del colegio entendieron que estuvo mal y le pidieron perdón delante de todos los compañeros.
Ahora su clase es un buen grupo de niños que entre todos se ayudan y se animan en los malos momentos, y en los buenos se juntan para disfrutarlos. Y todo gracias a Rosa por contarlo, porque si no
hubiera dicho nada, todavía seguirían increpándola y humillándola. Al contar lo que estaba pasando, tanto sus padres como el director y los profesores pudieron solucionar el problema.
¡Gracias, Rosa, eres muy valiente!
Sandra Muñoz López
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