El congreso de los ratones


Edad: 3 años



Valores: la falta de valor no lleva a ninguna solución


Como todos los años, los ratones celebraban su congreso mundial. A él asistían ratones de todos los colores, de todas las edades y de todos los tamaños. Los que se conocían de otros congresos se alegraban de verse y se daban abrazos muy fuertes y besos muy ruidosos.

¡Sayonara! -dijo una ratoncita japonesa a un ratón español, inclinando la cabeza.

¡Hola, hola! -le devolvió el saludo el ratoncillo español. Y en lenguaje ratonil, que consiste en dar muchos chillidos y mover constantemente los bigotes, comenzaron a relatarse su vida. Aún seguirían allí los dos ratones de no haber oído que les llamaban por megafonía.

¡Empezaba la reunión!

Todos los ratones entraron en un inmenso salón circular. En el centro estaban los ratones conferenciantes, que hablaron con mucha seriedad de los problemas de la población ratonil.

Hablaron de la comida, de lo sano que es el queso para los dientes y para los huesos.

Hablaron de la limpieza, de lo bueno que es bañarse de los pies a la cabeza.

Hablaron de los más pequeños, de los jóvenes y de los viejos… y hablaron y hablaron y hablaron.

Fue al final del congreso cuando un ratón mexicano planteó la cuestión más importante: -Quiero que alguien conteste a esta pregunta: ¿qué podríamos hacer para librarnos del gato?

Se hizo un largo silencio y, como nadie contestaba, el presidente dijo: -Hay que dar una respuesta a una cuestión tan importante. Por este motivo, aconsejo que se reúnan los ratones de diez en diez.

Después de discutir, cada grupo dará una solución para librarnos del gato.

Y los ratones se juntaron y, después de un largo rato, llegaron a una sola conclusión. El presidente del congreso la leyó en voz alta:

-La única solución es poner un cascabel al gato; al gato de nuestra casa, al de nuestro pueblo y al de nuestro barrio. Con el cascabel al cuello, sabremos cuándo se acerca el zamparratones y podremos escapar.

-¡Bravo, bravo! -gritaban unos, mientras aplaudían.

-¡Magnífica idea! -exclamaban otros.

Entonces, en medio de aquel griterío, levantó la pata el ratoncillo español. Cuando se hizo el silencio y no se oía ni el vuelo de una mosca, el ratón les preguntó:

-Yo solo quiero saber quién de todos ha de ser el que se atreva a poner ese cascabel al gato.

Todos se callaron y se pusieron a pensar y deben de seguir pensando, porque hasta hoy, que se sepa, ningún ratón se ha atrevido a poner un cascabel a un gato.

--FIN--

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