La invasión de las lentejas

Cuando Carmen y Sergio se levantaron aquel domingo, ya sabían lo que

iban a encontrarse a la hora de comer… ¡Lentejas! ¡Puajjj!

Carmen y Sergio no pensaban probarlas, así que desayunaron un montón

para no tener hambre a la hora de comer.

Carmen y Sergio bajaron al parque, y allí se enteraron de que a sus amigos

también les tocaba lentejas para comer. -Nosotros no pensamos comérnoslas

-les contó Carmen.

-No nos las comeremos hoy… ¡ni nunca jamás en la vida! -añadió Sergio.

-¡Pues nosotros tampoco! -dijeron todos sus amigos.

La hora de comer llegó, y aunque sus padres se enfadaron muchiíiisimo, Carmen

y Sergio se negaron a comer.

-¡No queremos lentejas! -protestó Sergio.

-¡Eso, eso! -siguió Carmen-. Son comida de viejas y además… ¡Si quieres, las comes

y si no, las dejas!

Sus padres los mandaron a su cuarto sin comer nada de nada.

Sergio y Carmen se habían salido con la suya…, pero ahora tenían un hambre de lobos.

A través de la ventana vieron nubes muy raras.

Se acercaba una tormenta pero no una tormenta cualquiera…

Sergio y Carmen bajaron corriendo al parque. Sus amigos ya estaban allí.

Parecían muy asustados, y señalaban aquellas nubes tan raras que parecían

estar hechas… ¡de lentejas!

Cuando por fin empezó a llover, ¡los niños no podían creerse lo que estaba pasando!

Lo que caía de aquellas nubes tan raras no era agua, ¡qué va! ¡Eran lentejas!

La gente, asustada, corría como loca hacia sus casas.

Las nubes se movían a toda velocidad, y de pronto…

¡Se convirtieron en un monstruo inmenso que soltaba lentejas por su enorme boca!

Los niños echaron a correr, y cuando Sergio resbaló, ¡las lentejas casi le cubren!

La arena de la playa desapareció bajo una gran capa de lentejas.

Los árboles se llenaron de lentejas.

Las casas se cubrieron de lentejas.

¡Las lentejas formaban montañas tan altas como el Everest!

Los niños corrían y corrían, preguntándose a qué se debería aquel extraño fenómeno:

-¿Será una lluvia de meteoritos? -dijo uno.

-¿Será una invasión marciana? -dijo otro.

-Pues yo creo que deberíamos volvernos todos a casa a comernos las lentejas…

-dijo Carmen-. ¡A lo mejor así salvamos el planeta!

--FIN--

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