Una selva ruidosa

En lo profundo de la jungla alguien emitió un fuerte gemido. -«¡Crac, crac!» respondió el tucán y descendió batiendo sus alas para ver quién era. Era el bebé rino, que tenía un fuerte dolor en su
boca. «Abre tu boca bien grande -le dijo la serpiente-. Así…». Pero el bebé rino negó con la cabeza. «Déjame ver», dijo el elefante mientras estiraba su trompa para acariciar la barriga del bebé
rino. «Abre tu boca bien grande… Así». Pero bebé rino no quería abrir su boca. «¿Puedo ver?», preguntó el mono. Descendió desde su árbol y dijo: «Abre tu boca bien grande… Así». Y parecía tan
gracioso (con su boca abierta) que bebé rino comenzó a sonreír… Emitió una suave sonrisita… Y luego comenzó a reír con toda su fuerza… Así. ¡Tenía un nuevo y brillante diente! Todos querían
verlo. Bebé rino estaba muy orgulloso. Le mostró su diente al tucán, que dijo ¡Crac, crac! Y también a la serpiente, que dijo ¡Hiss, hiss! Al elefante, que dijo ¡Trump, trump! Y por último al mono, que
respondió ¡Ooh, ah, ah! Y así hicieron que bebé rino comenzara a reír nuevamente.
Cuento AA. VV. y adaptado por uno de nuestros lectores
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