El tenedor y la cuchara

Había una vez una niña que se llamaba María. María solo tenía 3 años y no sabía comer sola sin la ayuda de su mamá.
Un día la mamá de María le dijo:
– Hoy aprenderás a comer solita con la cuchara para la sopa y con el
tenedor para el pescado.
María sonrió y pensó:
– ¡Lo voy a conseguir, aprenderé solita!
Esa noche, cuando llegó su papá de trabajar, entre todos pusieron la mesa:
– ¡María, pon tu vaso, tu cuchara y tu tenedor!
– ¡Sí, mamá! -contestó.
Se sentaron a la mesa y María cogió la cuchara con la mano y comenzó a coger la sopa.
– ¡Huy, se me ha caído la sopa en la camiseta! -dijo María.
– No pasa nada, solo hay que practicar -le dijo su papá.
Tras unos cuantos intentos más, a María casi no se le caía la sopa fuera y pudo comerse toda la sopa ella solita.
Luego vino el reto de comer con tenedor. María, cuando vio el pescado sobre la mesa, pensó:
¿Y ahora cómo me saldrá comer sola con el tenedor?
– Venga, María, cógelo así -le dijo su mamá. Y María cogió el tenedor y se le cayó al suelo.
– Jo, se me ha caído.
– No pasa nada, María, inténtalo otra vez.
María, nerviosa, cogió el tenedor y, para su sorpresa, empezó a comer ella solita y se lo terminó entero.
¡Qué contenta estaba María! Había conseguido comer solita y sin ayuda de sus papás.
Sandra Muñoz
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