Un amigo en el papel

Aquella tarde Tatiana estaba muy enojada porque sus amigos le habían dicho que no sabía saltar a la cuerda. Así que se fue a su casa, entró en su habitación y se sentó encima de la cama.
-Nunca más bajaré a jugar con ellos -pensó-.
¡Pero es tan aburrido estar sola!
Desde su habitación oía cómo sus amigos continuaban jugando y pasándoselo bien en la calle.
-Ya sé lo que haré -dijo Tatiana en voz baja-.
Me inventaré un amigo muy especial, que siempre quiera jugar conmigo y no me haga enojar.
¡Lo llamaré Hugo!
Entonces dio un salto, agarró una hoja grande de papel y lápices de colores y empezó a dibujar primero la cabeza, luego el cuerpo, los brazos y las manos.
-¿Y si tuviese tres piernas en lugar de dos? ¡Seguro que así correría mucho más! -gritó Tatiana, emocionada con la idea-. Quizás también podría dibujarle otro brazo.
Cuando acabó de pintar, Tatiana, con cara sonriente, pegó la hoja en la pared y dio un paso atrás para ver mejor a su amigo.
-Solo le faltaría un poco de movimiento -se lamentó desilusionada.
En ese instante, Hugo movió la cabeza y empezó a observarlo todo.
-¡Hola, Hugo! ¿Vamos a jugar? -dijo muy contenta.
-¡Sí! Pero con tres piernas casi no puedo caminar, y también me hago un lío con los brazos -dijo Hugo moviéndose torpemente-. ¿Podríamos solucionarlo?
-¡Claro! -contestó Tatiana.
Así que se puso a trabajar y no paró hasta que Hugo tuvo dos piernas y dos brazos como todas las personas.
Ahora ya podían jugar juntos. En aquel momento llamaron a la puerta de la calle.
¡Qué sorpresa! Eran Lucía, Julia y Mario, que venían a buscarla para que bajara a jugar con ellos.
-¡Este es mi nuevo amigo Hugo! -dijo Tatiana entusiasmada, mientras salían todos por la puerta.
Deja un comentario
Sé el primero en comentar...