Bestia Peluda y la Sopa Mágica

Había una vez un rey que tenía una esposa bellísima. Su cabello era tan dorado como el sol y tan brillante como el oro. Todos en el reino decían que no había otra mujer igual en el mundo entero. Pero un día, la reina enfermó y, antes de despedirse, le hizo prometer algo a su esposo:

—Si alguna vez te vuelves a casar, debe ser con alguien tan hermosa como yo y con el cabello dorado como el mío. ¡Promételo!

El rey, triste y sin ganas de discutir, le prometió que así lo haría. Durante un tiempo, no quiso pensar en casarse otra vez, pero sus consejeros le dijeron:

—Majestad, necesitamos una nueva reina que gobierne el reino contigo

.

Así que el rey envió mensajeros a buscar a la novia perfecta. Buscaron en montañas, bosques, castillos y hasta detrás de las neveras (bueno, no tanto), ¡pero nadie era tan hermosa ni tenía el cabello de oro!

Entonces, un día, el rey miró a una dama de la corte y se sorprendió. ¡Era idéntica a su esposa!

—¡Me casaré con ella! —dijo muy emocionado.

Pero la muchacha, que era lista como un zorro, NO quería casarse con él. Así que pensó en una idea para que se olvidara de eso.

—Majestad, antes de casarnos, necesito tres vestidos: uno dorado como el sol, otro plateado como la luna y otro brillante como las estrellas. Y además, un abrigo hecho con la piel de mil animales diferentes de tu reino.

Pensó que el rey diría: «¡Eso es imposible!», pero… ¡Sorpresa! El rey, más terco que una cabra, ordenó que hicieran todo.

Cuando la joven vio que su plan no había funcionado, decidió huir. Esa noche, se puso su abrigo de pieles, se ensució la cara con hollín, guardó sus vestidos en una cáscara de nuez (¡vaya truco de magia!) y salió corriendo hasta llegar a un bosque. Allí encontró un árbol hueco y se metió a dormir.

¡UNA SORPRESA EN EL BOSQUE!

A la mañana siguiente, el rey de ese bosque salió a cazar con sus perros. Los animales olfatearon alrededor del árbol y comenzaron aladrar.

—¡Veamos qué animal se esconde ahí! —ordenó el rey.

Los cazadores miraron dentro y gritaron:

—¡Majestad, encontramos una criatura peluda con un abrigoraro!

Cuando sacaron a la joven, ella suplicó:

—¡Por favor, no me hagan daño! ¡Soy una pobre chica sin familia!

El rey decidió llevarla a su castillo y la pusieron a trabajar en la cocina.

—»Bestia Peluda», te encargarás de barrer las cenizas y lavar los platos —dijo el cocinero.

Y así pasó el tiempo, con la joven fregando ollas y lavando pisos, mientras todos la llamaban «Bestia Peluda».

¡LA GRAN FIESTA!

Un día, el castillo organizó una gran fiesta. «Bestia Peluda» le pidió permiso al cocinero para mirar la celebración.

—Está bien, pero vuelve en media hora —le dijo.

Rápidamente, la joven corrió a su pequeña habitación, se quitó su abrigo de pieles, se lavó la cara y se puso su vestido dorado como el sol. Cuando entró en el salón, todos se quedaron boquiabiertos.

El rey la vio y pensó: «¡Jamás vi a alguien tan hermosa!» Le ofreció su mano y bailaron juntos.

Pero cuando terminó el baile… ¡ella desapareció!

Corrió de regreso a la cocina, se puso su abrigo peludo y comenzó a barrer las cenizas.

Esa noche, preparó la sopa del rey y, antes de servirla, dejó caer dentro su anillo de oro.

¡LA SOPA MISTERIOSA!

Cuando el rey probó la sopa, quedó encantado.

—¡Esta sopa es la mejor del mundo! —exclamó.

Pero cuando vio el anillo dentro del plato, se sorprendió.

—¿Quién ha cocinado esto? ¡Llamen al cocinero!

El cocinero, asustado, señaló a «Bestia Peluda».

El rey la miró con curiosidad y le preguntó:

—¿Quién eres tú?

—Soy solo una pobre chica —respondió ella.

—¿Y de dónde salió este anillo?

—No lo sé, Majestad —dijo, tratando de ocultar su identidad.

Pero el rey no quedó convencido.

¡DOS FIESTAS MÁS Y UN DESCUBRIMIENTO!

La historia se repitió dos veces más. En la siguiente fiesta, «Bestia Peluda» se puso su vestido plateado como la luna y volvió a bailar con el rey. Antes de desaparecer, dejó en la sopa una rueca de oro.

En la tercera fiesta, llevó su vestido brillante como las estrellas y esta vez, mientras bailaban, el rey le puso un anillo en el dedo sin que ella lo notara.

Cuando la joven regresó a la cocina, preparó la sopa y dejó dentro una devanadera de oro.

El rey ya estaba seguro de que la hermosa joven y «Bestia Peluda» eran la misma persona.

¡LA VERDAD SALE A LA LUZ!

El rey mandó llamar a «Bestia Peluda» y vio algo extraño… ¡Uno de sus dedos estaba limpio y blanco!

—¡Ajá! —exclamó el rey—. ¡Eres tú!

Le quitó el abrigo de pieles y descubrió su largo cabello dorado. Luego, le lavaron la cara y todos vieron su belleza.

—¡Eres la chica que bailó conmigo! —dijo el rey con una gran sonrisa—. ¿Quieres casarte conmigo?

La joven, que había visto que el rey era bueno y justo, aceptó feliz.

¡Y ASÍ TERMINA LA HISTORIA!

El rey y la joven se casaron, organizaron una gran fiesta y vivieron felices para siempre. Y aunque en el castillo siguieron cocinando sopa, desde entonces nadie volvió a encontrar anillos, ruecas ni devanaderas dentro de los platos.

¡FIN!

--FIN--

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