El bosque de la alegría

Érase una vez un bosque en cuyo interior nadie podía ponerse triste, tampoco enfadarse, ni tan siquiera era posible enfurruñarse o cogerse una pequeña rabieta. Era tal la alegría y felicidad que se respiraba allí que, sin siquiera entrar en su interior, solo con rondar los alrededores, era imposible evitar que una sonrisa se dibujase en los labios. Todo esto era debido a la bruja que vivía en el mismo centro del bosque. Esta se pasaba día y noche trabajando en pócimas y hechizos que desde todos los rincones del reino, e incluso de fuera de este, le encargaban para combatir todo tipo de males con la alegría y felicidad que proporcionaba su magia. No eran pocos los conflictos que se habían evitado con sus hechizos, desde disputas vecinales por ver quién plantaba qué y dónde, hasta guerras por la sucesión de la corona.

Una noche, cuando estaba inmersa en sus quehaceres, alguien llamó a la puerta. Toc, toc, toc.
-Puedes pasar, esa puerta nunca se cierra, ja, je, ji -dijo la bruja desde el interior.
Toc, toc, toc.
-Está abierta, ji, ja, je. Puedes pasar, seas quien seas, je, ja, ji; no soy del tipo de bruja que se come a nadie, ji, je, ji -insistió entre risotadas.
-No puedo entrar -dijo una voz desde el exterior-. Soy demasiado grande y no quepo en esta casa tan pequeña, jaa, jaa, jaa.
-¿Pequeña mi casa? Ji, ja, je. Pues sí que has de ser grande si la casa te parece pequeña, je, ji, ja -dijo la bruja mientras se dirigía a abrir la puerta. La abrió y miró hacia afuera, sorprendiéndose por lo que tenía ante sus ojos.
-Ji, je, ja, ¿qué se te ha perdido por estos parajes? Ja, ji, je -preguntó al sauce llorón que la miraba desde arriba sin poder evitar reír con ella.
-Verás, jaa, jaa, jaa -comenzó el sauce llorón riendo-. Hemos oído que repartes alegría y felicidad con tus pócimas y hechizos, jaa, jaa, jaa, y he venido desde el otro lado de la montaña para pedirte ayuda para mi familia y para mí. Jaa, jaa, jaa. Queremos dejar de pasarnos la vida llorando, jaa, jaa, jaa.

-Ji, je, ja, ¿tu familia y tú? Je, ji, ja -preguntó la bruja-. Supongo, ji, je, je, que te refieres al bosque de sauces llorones del otro lado de la montaña, ¿cierto? Je, ja, ji.
-Sí, señora, jaa, jaa, jaa, ese mismo, jaa, jaa -contestó el árbol.
-Jaa, jaa, jaa, no queremos seguir siendo el bosque más triste del reino, jaa, jaa.
-Je, ji, je, pero ¿os habéis parado a pensar que de esa forma estaríais rechazando vuestra naturaleza y que dejaríais de ser sauces llorones? Ji, je.
-Jaa, jaa, jaa, umm, jaa, jaa, lo cierto es que no, jaa -contestó.
En ese momento la bruja sacó su varita y, al tiempo que dibujaba círculos en el aire, dijo: -Arasáskiti espéskiti, en su reflejo se ve.
Y allí mismo, delante del árbol, apareció un enorme espejo, tan grande que el propio árbol podía mirarse en él.
-Je, ji, ja, mírate en este espejo y dime lo que ves, ja, ji, je -dijo la bruja al árbol. Este se acercó al espejo y dio un respingo al verse reflejado.
-Jaa, jaa, jaa, pero ¿qué es esto? Jaa, ¿es parte del hechizo, verdad? Jaa, jaa -preguntó el árbol, atónito.

-Ji, je, ja, no, amigo mío -respondió la bruja-. Lo que ves es la realidad, ji, je.
-Jaa, pero, jaa, ¿cómo, jaa, es posible? -preguntó.
-Je, ji, ja, has querido rechazar lo que eres, ja, je, así que lo que eres te ha rechazado a ti.
El árbol volvió a mirarse en el espejo; no podía creer lo que veía. Había cambiado el llanto por la risa, dejando así de ser un sauce llorón para convertirse en un manzano. Comprendió entonces lo que pasaría a toda su familia si dejaban de pasarse la vida llorando. Se giró hacia la bruja y dijo:
-Muchas gracias por mostrármelo, jaa, jaa, jaa.
Dio media vuelta y emprendió el viaje a casa con la esperanza de que el camino le devolvería su condición y lo convirtiera de nuevo en un sauce llorón. Aquel día aprendió que hay que aceptarse y quererse a uno mismo tal y como es y que intentar cambiar eso es dejar de ser uno mismo.
fanny vado hernandez:
Me gustan mucho sus cuentos infantiles, soy docente ambulante y les cuento cuentos a la niñez de mi pueblo. Gracias por compartirlos. Son lindos.