El gallo vanidoso

Era tan orgulloso aquel gallo que todo el día estaba en el palo más alto del gallinero gritando:
¡Ki ki ri kiii…! -y después añadía, erizando su gran cresta roja- ¡Soy el mejor gallo de todos!
Las gallinas se miraban unas a otras y se reían, pero no decían nada porque el gallo, además de ser vanidoso, tenía muy mal genio.
Un día entró la cocinera en el corral y, dirigiéndose al gallo, comenzó a decirle:

-¿Dónde está el gallo más bonito de este corral?
¡Qué contento se puso al oír aquellas palabras! Ahora sí que ya no había duda: ¡era el rey de los gallos! Y despacito, como un rey, fue a colocarse junto a la cocinera, que escondía en su mano un afilado cuchillo.
-Anda, ven, bonito mío -decía la cocinera-, verás qué gusto les va a dar a los señores de la casa y a sus invitados cuando te presente a ellos.
¡Vas a ser la alegría de esta Navidad!
Rápidamente lo agarró por el cuello, lo envolvió en su delantal y se lo llevó a la cocina.
Pero al ver los preparativos que se hacían, el gallo gritó asustado:
-¿Pero no me ibas a llevar ante los señores de la casa para que contemplaran mi belleza?
-¡Pues claro que te voy a llevar, pero… bien asadito!
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