El lobo y el cordero

Al llegar la noche, un pastor reunió sus ovejas, dispersas por el prado, para llevarlas de vuelta al establo. Sin embargo, un cordero consiguió escapar a hurtadillas del rebaño. El cordero,
feliz, mordisqueaba la fresca hierba de un prado salpicado de flores, cuando un lobo medio muerto de hambre se acercó a él a grandes zancadas y lo atacó.
El cordero corrió desesperadamente para escapar de él, pero el lobo pronto le dio alcance. Y ya se disponía éste a devorar a su presa, cuando el cordero exclamó:
-¡Señor lobo, préstame atención un momento, se lo ruego! Después, podrá usted devorarme.
-¿Qué quieres? Es inútil que me supliques que te perdone la vida, porque estoy muerto de hambre -replicó el lobo.
-¡Oh, no! Sólo quería explicarle cómo devorarme de la manera más agradable -dijo el cordero.
-¿Cómo? ¿Has dicho «de la manera más agradable»? -preguntó el lobo.
-Sí, señor. Acabo de comer hierba, pero esa hierba aún no se ha transformado en carne -respondió el cordero-. Déjeme hacer un poco de ejercicio, bailar un momento; así, digeriré antes la hierba
y ésta se transformará en sabrosa carne.
-Ya veo… Me parece muy razonable. ¡Venga, empieza a bailar! -ordenó el lobo.
-¿Sería tan amable de agitar mi campanita para marcar el ritmo mientras bailo? -preguntó el cordero.
-De acuerdo. ¿Así está bien? -preguntó el lobo, mientras agitaba con fuerza la campana.
¡Tilín, tilón! El cordero se puso a bailar al ritmo del cencerro, pero al poco se paró y dijo:
-Señor lobo, toca usted muy despacio. Por favor, agite la campana más fuerte, así digeriré antes la hierba.
-¡De acuerdo! -dijo el lobo.
Y empezó a agitar la campanilla con todas sus fuerzas mientras el cordero bailaba.
¡Tilín, tilín!
¡Pero si es la campanita de uno de mis corderos! -se dijo el pastor al oírlo-. ¡Y parece como si sonara muy lejos! Y envió a sus perros en busca del cordero.
-¡Guau, guau! Un lobo se ha atrevido a atacar a un cordero -ladraron los perros, lanzándose furiosamente sobre el lobo.
Éste dejó entonces caer la campana y huyó lo más deprisa que pudo.
Moraleja: si nos alejamos de nuestro ambiente, corremos el riesgo de toparnos con problemas; pero ante una dificultad, pensemos siempre en el modo de resolverla.
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