La historia del náufrago

Había una vez un marinero egipcio cuyo barco, en medio del mar, naufragó a causa de una tormenta.
Todos sus compañeros murieron; sólo él pudo agarrarse a una tabla y librarse así de la muerte.
Una ola, por fin, lo arrojó a una isla solitaria, donde permaneció tres días solo. Comía higos y otras frutas y dormía en el hueco de un árbol.
Pasados unos días, oyó una voz profunda que al principio confundió con una ola del mar. Volvió la cabeza y vio que lo que se acercaba era una serpiente de treinta metros de largo. Su cuerpo
tenía incrustaciones de oro y sus cejas eran dos esmeraldas.
Abrió la boca hacia él y, tomándolo en ella, lo llevó a su guarida, donde lo depositó sin hacerle daño. Y entonces la serpiente preguntó:
-¿Quién te ha traído aquí?
-Una ola de mar -contestó el egipcio, relatando detalladamente su aventura a la serpiente.
-¡No te asustes! -dijo esta al terminar el marinero la historia-. Los dioses te han conservado la vida y te han traído a esta isla del Ka, en la cual todo es bueno. Pasarás cuatro meses en
ella y después vendrán de palacio en un barco e irás con ellos. Entonces el marinero, emocionado, se arrodilló ante ella diciendo:

-Le contaré al faraón quién eres y le haré saber cuál es tu grandeza. Contaré lo que me ha ocurrido y lo que he visto. Serás adorada en la ciudad ante los grandes señores de todo el país.
Te enviaré barcos cargados con todas las riquezas y tesoros de Egipto, tal como se hace a un dios amigo de los hombres.
Pero la serpiente se rió:
-Te equivocas. Cuando abandones este lugar no volverás a ver esta isla, pues se transformará en agua.
Pasó el tiempo, y al fin, llegó el barco que le había anunciado la serpiente. El náufrago, al verlo, corrió a decírselo a la serpiente, pero se encontró con que ya lo sabía. Le dijo:
-Vuelve a casa. Te deseo que adquieras un buen nombre en tu ciudad.
Entonces la serpiente le regaló mirra, incienso y grandes tesoros. El egipcio lo cargó todo en el navío y regresó, feliz y asombrado, a su tierra.
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