El cazador

Mizifuz es un gato precioso, pero se aburre tanto en casa que una mañana decide salir a cazar.
-¡Porque lo que tiene que hacer un gato decente es cazar ratones! ¿No? Pues eso.
Todo el día se lo ha pasado correteando por ahí, descubriendo casas nuevas y conociendo a otros animalitos vagabundos. Hasta que se hace de noche y se da cuenta de que tiene hambre. Pero no sabe volver a casa.
-¡Y es que no se puede estar todo el día caminando y sin cazar un solo ratón! ¡Qué vergüenza! En fin: miraré a las estrellas a ver si me indican el camino.

Y así es como descubre otra cosa nueva. ¡Qué bonito es el cielo! Las estrellas, tan brillantes, hacen guiños como si también quisieran ser amigas suyas. Y se queda embelesado, mirando muy fijo hacia arriba.
Pero ¿qué es eso? De lejos le llega un olorcillo a comida recién hecha y, enderezando las orejas, exclama:
-¡Ya sé volver a mi casa!
Conoce muy bien el rico olor de las comidas de su mamá y, olvidándose de las estrellas, corre en busca de la cena.
Por el camino va diciendo:
-Está muy bien eso de los ratones y las estrellas y todo lo demás, pero ¡nada es como los guisos de mamá!
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