El forastero

Aquel granjero era tan tacaño que jamás daba nada ni se compadecía de nadie si no recibía algo a cambio.
Una noche llamaron a su puerta. Fue a abrir y vio un caballero ricamente ataviado que le dijo:
-necesito alojamiento para esta noche.
El avaro granjero, viendo que aquel hombre debía ser un rico príncipe vio la ocasión de hacer un buen negocio.
-pasad, señor; tendréis cena y cama pero como somos muy pobres tendríais que pagar diez luises de oro.
Ese dinero era una fortuna y el caballero se quedó asombrado, pero aceptó el trato. Poco después cenó y se acostó en la mejor cama de la casa.
Por la mañana le dijo al granjero:
-tengo mucha prosa. En cuanto lleguen mis criados os daré vuestro dinero, pero ¿No podrías venderme vuestro caballo? Lo ensillaría mientras llega mi gente.
-os daré el caballo, pero es un bello alazán y tendríais que pagarme por él veinte luises de oro.

El caballero no dijo nada; ensilló el caballo y cuando estuvo preparado lo cabalgó, picó espuela y salió corriendo a galope tendido.
-¡Señor -gritaba el granjero-, que os olvidáis de pagarme mis treinta luises de oro!
Pero mientras se alejaba entre grandes carcajadas, el caballero contestó:
-¡Tendrás que ir a cobrar al infierno, que es donde van los hombres como tú!
Y así fue como el granjero y su familia, llorando a la puerta de su casa, se dieron cuenta de que habían sido castigados por su avaricia y falta de caridad.
--FIN--
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